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viernes, 30 de abril de 2010
H.P Lovecraft

miércoles, 28 de abril de 2010
Caligula el Cesar mas cruel

Suetonio en su libro "Los doce césares" nos deja bien clara la personalidad de Calígula. Nuestro personaje era hijo de uno de los hombres más grandes de Roma, Germánico: "Sabido es que Germánico poseía todas las mejores cualidades del cuerpo y alma, en tan grado que nadie pudo parangonarse a él jamás. El día en que murió apedrearon los templos y derribaron las estatuas de los dioses. Algunos ciudadanos arrojaron al arroyo sus propios dioses lares, en señal de dolor". Germánico llevaba siempre a su hijo Cayo César, más tarde llamado Calígula, a sus campañas. Su sobrenombre era un mote militar que le habían dado los soldados por su calzado. La caliga era la sandalia usada por los legionarios.
Desde un primer momento no pudo ocultar sus bajas y crueles intenciones, sintiéndo un inmenso placer presenciando las torturas de los condenados. Mientras tanto, el pueblo engañado por la esperanza pensaba que cuando fuera César (pues fue designado sucesor de Tiberio), sería opuesto al anterior y cercano a lo que había representado su padre para el pueblo de Roma.
Durante los seis primeros meses de su mandato logró ahogar al monstruo que habitaba en su interior e incluso mostró clemencia en más de una ocasión, pero se convirtió en un tirano depravado después de una enfermedad mental, precedida de fiebres y convulsiones. Mucho han estudiado y argumentado diferentes especialistas sobre el mal que pudo atacar al César, pero los datos son insuficientes y es dificil de precisar cual fue realmente su mal.
Comenzó a considerarse divino e hizo quitar "la cabeza a una estatua de Júpiter Olímpico, substituyéndola por otra de piedra que era su retrato [...] También tuvo para su culto un templo especial [...] como costaban muy caros los animales para el mantenimiento de las fieras destinadas a los espectáculos, las alimentaba con la carne de los condenados a muerte, arrojándoselos vivos para que los devoraran [...] Obligaba a los padres a presenciar el suplicio de sus hijos. [...] El autor de cierta poesía satírica fue quemado en su teatro por haberse sentido aludido el César. Un caballero romano expuesto a las fieras gritó que era inocente. Le hizo sacar de la arena, le cortó la lengua y volvió a mandarle al suplicio [...] Un soldado experto en cortar cabezas de un solo tajo ejercía ante él su habilidad en todos los prisioneros que le presentaban..."
Este era el "monstruo" que llegó a César y aterrorizó a Roma entera. Quizá para concluir con el personaje nada mejor que volver a Suetonio y en sus palabras llegar a medir la catadura del individuo: "En medio de una espléndida comida en compañía de los cónsules comenzó de pronto a reír a carcajadas. Los cónsules, sentados a su lado, le preguntaron con acento adulador de qué reía. [...] Es que pienso -contestó- que con una señal puedo haceros estrangular a los dos ahora mismo".
La vida de este sádico concluyó víctima de una conspiración el 9 de las calendas de febrero. Su cadáver fue inmediatamente quemado y enterrado por parte de los conspiradores.Para finalizar y comprender el terror que su solo nombre llegó a levantar en Roma Suetonio nos dice: "De momento los romanos no querían creer la noticia de su muerte, temiendo que fuese algún artificio de Calígula para probar su fidelidad"
martes, 27 de abril de 2010
Juana "La Loca" de Castilla

La historia la conocería como Juana la loca, un personaje pintoresco de la realeza española, una celopata y desequilibrada que tenia problemas con su vocación de ser monja cuando su padre decide casarla con Felipe "el Hermoso". La demencia de la reina seguía agravándose. No quería cambiarse de ropa, no quería lavarse y finalmente, su padre decidió a encerrarla en Tordesillas el mes de febrero del año 1509, para evitar que se formase un partido nobiliario en torno de su hija, encierro que mantendría su hijo Carlos I más adelante.
La Historia no es solo para aburridos

Desde que el mundo es mundo, diversos personajes históricos han dado suficientes muestras de locura como para no poder negar la evidencia, en ocasiones esas demostraciones se han mantenido en el ámbito estrictamente personal, donde el único protagonista de la enfermedad la sufría con más o menos soledad, mientras que en otras ocasiones, esos trastornos psíquicos de un solo individuo han conseguido arrastrar a pueblos enteros hasta hacerlos caer en las más profundas simas de la barbarie o locura colectiva.
Pedro y Eloisa un amor marcado

Además de la práctica de la enseñanza, Abelardo se dedicó a la música, componiendo en lenguaje sencillo y usando lengua romance canciones que solazaban extraordinariamente a las damas y divertían sobremanera a los estudiantes. De esta época data su relación con Eloisa, sobrina de Fulberto, canónigo de la Catedral de París, a quien conoció alrededor de 1115; éste confía la educación de Eloísa a Abelardo, pero éstos se enamoran y durante un tiempo mantienen su relación en secreto, durante los años 1117-19. El escándalo explota al saberse que Eloísa espera un hijo, que sería llamado Astrolabio.
Abelardo secuestra a Eloísa y la lleva a casa de su hermana en Le Pallet. Fulberto exige el matrimonio (no sin la reticencia de Eloísa), que acaba celebrándose en secreto. Fulberto, en supuesto honor de ella, difunde la noticia. Abelardo, molesto por haberse difundido la noticia envía a Eloísa al monasterio de Argentuil. Fulberto, sintiéndose engañado, sobornó a un criado, y entrando con algunos servidores en el cuarto de Abelardo, entre todos le castraron y después huyeron. El criado y otro de los agresores fueron presos y castigados con igual mutilación y además con la pérdida de los ojos, en tanto que el canónigo Fulberto fue desterrado de París y se le confiscaron todos sus bienes. Abelardo, humillado, se esconde durante un tiempo en Saint-Denis como monje, y manda a Eloísa hacerse monja en Argenteuil.