
La historia la conocería como Juana la loca, un personaje pintoresco de la realeza española, una celopata y desequilibrada que tenia problemas con su vocación de ser monja cuando su padre decide casarla con Felipe "el Hermoso". La demencia de la reina seguía agravándose. No quería cambiarse de ropa, no quería lavarse y finalmente, su padre decidió a encerrarla en Tordesillas el mes de febrero del año 1509, para evitar que se formase un partido nobiliario en torno de su hija, encierro que mantendría su hijo Carlos I más adelante.
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